La mujer de hojalata

No tengo una Dorothy, pero tuve una vez un amigo llamado Naranja. Uno al que amé con un corazón que ya no recuerdo tener, pero que todos los días elige amar.

Esta noche, apelaré a memorias oxidadas por falta de aceite en las articulaciones. Ya no recuerdo mucho, pero si sé que hace casi un año he estado en la misma posición…ya no le hablo a los árboles, porque el viento todo el tiempo susurra con el eco de mis cavidades; no le cuento a las aves, porque prefieren comer granos de trigo y la verdad prefiero que se calienten entre las cómodas colchas del espantapájaros y ni siquiera a mis amigos por respeto a sus intentos de animarme.

 

Hoy, busco un corazón que me regrese la sensibilidad, porque alguna vez alguien se llevo mis recuerdos, y me castigo con insomnio y lagrimas…que ironía…en la versión del mago de oz, el hombre de hojalata se quedo sin corazón, en mi versión yo tengo exceso de el y quiero sacarlo o por lo menos calmarlo.

 

Soy la mujer de carne y hueso, que quiere ser la mujer de hojalata.

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