A ellos tambien les duele

Un viejo amigo siempre me decía que los hombres suelen llevar las procesiones  por dentro. Hoy puedo decir que aunque no lo vea le creo…te creo.

Este sábado mientras le reclamaba a mis lagrimas y a tu fantasma, me daba cuenta que tenía miedo, miedo a perderte, miedo a que me odiaras.

Pero un viejo amigo me juraba en tu nombre que jamás podrias odiarme.

Que tu silencio no era más que el dolor de tus tormentos…

grandes e hirientes como los mios.

 

Mi madre te defenderá hasta el último instante, porque reconoce tu soledad…

y distingue mi amor.

 

Mi alma siempre le clamará al cielo por la constancia de tu amor.

Por que aprendí que espero “ser una mujer de palabra”

y aunque te puedas ir, yo prometi estar y amarte.

Yo elegí perdonarte, tal y como el Dios en el que creo lo hizo conmigo.

 

Amarte es mi promesa.

Por esto puedo partir en paz

y dejar que el frio del norte  nos congele  juntos hasta derretir el hielo

o nos ahogue para que alguna generación futura nos encuentre.

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