«¡Sapo! ¡Tilonorrinco! ¡Iris!». Palabras que no necesitan más fuerza, porque ni siquiera el “Rojo, Ateo” tienen tanto significado. Esta vez no se trata de la ofensa, sino de la victoria, de una que se burla atrevidamente desde las palabras de un niño;

“Cuando los camiones arrancaron cargados de presos, yo fui uno de los niños que corrían detrás lanzando piedras. Buscaba con desesperación el rostro del maestro para llamarle traidor y criminal. Pero el convoy era ya una nube de polvo a lo lejos y yo, en el medio de la alameda, con los puños cerrados, sólo fui capaz de murmurar con rabia: «¡Sapo! ¡Tilonorrinco! ¡Iris!».”

Fragmento del cuento La Lengua de Las Mariposas
Manuel Rivas

«¡Sapo! ¡Tilonorrinco! ¡Iris!». Palabras que no necesitan más fuerza, porque ni siquiera el “Rojo, Ateo” tienen tanto significado. Esta vez no se trata de la ofensa, sino de la victoria, de una que se burla atrevidamente desde las palabras de un niño; uno que insulta a su maestro desde la imagen, pero desde el corazón, la conciencia, la razón o como quieran llamarlo, le da satisfacción y esperanza. Y aun cuando las segundas intenciones o expresiones para este caso, pudieran a simple vista agredir una filiación ideológica, el mensaje secreto que grita Moncho en las calles se burla de las piedras que alcanzan a su maestro…

 

“La Silabera” 

Fernanda Valdés

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